Invitación

Hola, amigos. He visto que mi blog no ha dejado de ser leído durante ya varios meses. Les agradezco a todos ustedes que me lean y revivan conmigo las viviencias en un Zapotlán que se está yendo.

Quiero invitarles también a que lean mi nuevo blog de poesía, ahí estoy subiendo los poemas más recientes que he escrito en estos últimos meses. Gracias por su lectura.

El blog se llama: Pura palabrería.

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La laguna

La laguna de Zapotlán es un lugar de constantes visitas cada vez que regreso a mi pueblo natal. En cada ocasión encontramos algo nuevo y sorprendente en ese lugar maravilloso. En reciente viaje la visité con mi hijo mayor y nos topamos con un atractivo cielo nublado, poco después de nuestra visita llovería en los alrededores del volcán y ¡sopresa! nuestro nevado estaba cubierto con un manto blanco. Hicimos una segunda visita a la laguna al siguiente día ya con el cielo despejado y aquí tienen las imágenes.

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El Calaque

El pasado fin de semana llevé a mi familia a El Calaque, un pequeño lago bordeado de un hermoso bosque enclavado en el municipio de Zapotiltic, Jalisco. El mal momento para disfrutar del agua fue que estábamos en tiempos de secas, cosa que los motociclistas aprovecharon para hacer sus mejores piruetas en la planicie seca del lago. Algunos ciclistas también se hicieron presentes y, al parecer, es éste uno de los destinos favoritos para ir a pasear en sus “vírulas”. También supimos que hay mucha gente que va a acampar, ya imagino el cielo nocturno que deben tener a la vista.

Nuestra visita fue agradable a pesar del polvo que tuvimos que cruzar caminando para llegar al centro del laguito. Ya de regreso tuvimos unas magnificas vistas de Zapotlán, el Grande. Erramos el camino de regreso y apreciamos el volcán y la ciudad juntas. También alcanzamos a tener la suerte de ver una banda ensayando sus mejores canciones en el “lote” de alguno de ellos.

Espero disfruten de estas imágenes. ¡Ah! y que se animen a visitar El Calaque.

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Tiendas de Mazamitla

La zona de Mazamitla (San José de Gracia, La Manzanilla, Pueblo Nuevo y Mazamitla mismo) han negado el paso del tiempo en algunas de sus partes y conservan aires pueblerinos y bocólicos que los hace únicos. Todo esto a pesar de tener contacto frecuente con la gran capital del estado de Jalisco, Guadalajara. Muchos son los turistas y muchos los negociantes que fincan ahí sus tiendas o cafés y restaurantes. Ejemplo de esta negación del paso del tiempo son las tiendas o tendajones que los propietarios conservan con sus muebles originales. Muchos de ellos ya centenarios. Estas tiendas se han vuelto verdaderos museos para quienes las conocimos en su forma habitual ya hace muchos años. A mí me recordó la famosa tienda de El Testerazo que en Zapotlán mi abuelo tenía allá, rumbo al Valle plagado de milpas. Cuando visité la primer tienda conversé de manera muy amena con su actual propietario, un joven que había nacido en los años 70. Tal era mi recuerdo de la tienda de mi abuelo (los altos apartamentos con la mercancía a la vista, el despachador de madera, ¡hasta la puertita angosta que comunicaba a la tienda con el interior de la casa habitación!) que señalé al joven que en la tienda le hacía falta el depósito de maíz. Cuál fue mi sorpresa que al voltear a una esquina ¡ahí estaba, igualito! Le dije que antes vendían los granos de maíz en litros no en kilos.

Prometí volver al otro día para tomar algunas fotos de tan bello lugar. Y así lo hice, pero comencé con otra tienda, la de doña Chela Gutiérrez Elizondo. Esta tienda es ya propiedad de su hijo, Guillermo Martínez, quien ahí se encontraba y con quien charlamos muy amablemente. La tienda no lo es tanto de abarrotes como de bebidas tradicionales: rompope, ponches y chongos zamoranos. La tienda existe desde 1817, según nos comentó don Guillermo. Todo en ella es original, nos referimos a las maderas que formas los estantes y el despachador.

Luego me fui a la tienda de la familia Chávez Ochoa, atendida por el encargado don Jesús Chávez, hombre entrado en años (lleva 72 sólo de encargado), alto, flaco y recio. Le comenté mis propósitos y me contestó como a quien no le queda otra: “toma las fotos pues, pero no me saques a mí”. Como llegaron clientes, tuvo que atenderlos y logré que apareciera en una de mis tomas. Casi no charlé con él, pero me señaló que todo lo que veía ahí de la tienda era original.

Ya al final fui a la tienda donde había charlado extensamente el día anterior. Cuando llegué sólo una mujer estaba atendiendo, pero estaba discutiendo al teléfono. Así que no pude volver a preguntar los datos de siempre y ahora los he olvidado, desgraciadamente. La tienda no tienen nombre, por lo menos no lo exhibe en la fachada. Sólo anoté que se encuentra en la calle de J. Santana García. Ni qué decir que todo lo que ahí se ve es original, aunque, eso sí, en esta tienda no estaba todo este inmobiliario desde siempre. Años atrás fue traido desde otro lado para ocupar el lugar que ahora tiene.

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La feria de los símbolos

Las fiestas religiosas de Zapotlán, el Grande se realizan en honor al Señor San José y son el corazón de su feria anual. Indudablemente lo medular de esta feria es el recorrido que los días 23 de octubre que de cada año la gente hace con la imagen de su santo en las calles de la ciudad. Feligreses cargan el “anda” (pesada tarima hecha de madera) que es adornada casi siempre de modo silvestre con plantas y flores (ya naturales, ya de papel u otros materiales). En esta anda se cargan las figuras del Santo Patrono y de la Virgen María, claro, también el Niño Jesús. La Sagrada Familia, pues. Las imágenes se sacan de su “casa”, la catedral de Zapotlán, para llevarlas a la casa del mayordomo en turno. Esta persona es elegida el día 24 de octubre para organizar las fetividades del siguiente año.

Cuando se realiza el recorrido esta anda (el anda mayor, le dicen) es la última de una serie de varios carros alegóricos (durante años fueron 9, para hacer el famoso novenario, recientemente son más) que le preceden. Entre carro y carro cuadrillas (grupos) de danzantes muestran la fe hacia su Santo Señor mediante organizadas formas de baile y vistosos atuendos que cada uno de los bailarines porta con orgullo.

Los carros alegóricos son representaciones bíblicas que abarcan tanto el antiguo testamento como el nuevo. Una forma degenerada de teatro donde los actores permanecen inmóviles y el escenario es el que se mueve. Vieja forma de evangelizar mediante imágenes que ya los viejos monjes usaron a lo largo de todas las geografías. Esta forma siguie teniendo sus fines evangelizadores, pero a la vez perpetuan figuras de dominación. La mayoría de los “actores” son hijos de las familias ricas de Zapotlán y se sienten “bendecidos” por representar esta o aquella figura bíblica. Su esfuerzo es mínimo, sólo soportar el ardiente sol que casi siempre en esos días cae sobre el cielo de la ciudad. ¡Vaya sacrificio! Mientras que la gente de pueblo debe hacer verdaderos esfuerzos físicos y mostrar devoción mediante la danza agotadora.

Símbolo de la opresión: las fiestas del Señor San José perpetúan, año tras año, las formas de dominio de pueblos que más bien parecieran medievales: el pueblo en alto porcentaje trabajando duramente para que los grandes señores y sus hijos gocen de un paseo por las calles de su reíno.

Danzantes

Dentro de las múltiples formas de festejar al Señor San José que Zapotlán tiene están los danzantes y sonajeros que durante el novenario (que termina el 23 de octubre) realizan verdaderas pruebas de resistencia física con lo que muestran la grande fe que le tienen al santo patrono que les cuida de los temblores y otros males naturales.

Durante los ocho días previos a la fecha señalada las cuadrillas de danzantes van a realizar sus pasos en las afueras de la Catedral, casa del Santo Señor. Las cuadrillas son los grupos de danzantes que se reúnen bajo un nombre y una forma de bailar específica. Existen cuadrillas jóvenes y viejas, algunas de ellas tienen ya más de 100 años de fundación y de existencia continua. Las cuadrillas son formadas, en lo general, por los propios danzantes ya mencionados. Uno de los danzantes porta un estandarte con una imagen del Señor San José o de otro santo que los reúne bajo su nombre. En este estandarte se porta, también, el nombre de la cuadrilla. Luego hay una o más chrimimías que marcan la melodía y el ritmo del baile. También se encuentran los diablos y demonios que se posicionan a la vanguardia de la cuadrilla con la finalidad de abrir paso mediante sonoros latigazos (chicotazos, le llaman por acá) a sus compañeros danzarines. Al final viene una especie de “aguador” encargado de refrescar a los bailarines. El agua (o bien el alcoholizado ponche de granada) es cargado en un “triciclo”, una de esas grandes bicicletas usadas para carga. Este vehículo está adornado casi siempre con espigadas cañas de maíz (el cereal “oficial” de estas tierras; si primer nombre, el nombre indígena del pueblo aludía a la diosa del maíz). Además de estos adornos es común ver imágenes del Señor San José adornadas dentro de este “carrito”.

El día 23 las imágenes de los santos (San José y la Virgen, con su niño, claro) son cargadas en pesada “anda”, una enorme tarima que es cargada en hombros por fieles hombres que normalmente deben una “manda” a este santo. El recorrido de esta carga abarca la salida de las imágenes de la Catedral, paso por las principales calles del pueblo y la llegada a la casa del mayordomo en turno; es agotador. Previo al paso de la “anda mayor” hay 9 ó 12 carros alegóricos que muestran paisajes bíblicos con “actores” del mismo pueblo. Entre carro y carro las cuadrillas de danzantes despliegan su número y su acto de fe. El recorrido total es enorme, abarcando varias horas y miles de gentes.

Indudablemente los “reyes” de esta celebración son los danzantes que mediante su esfuerzo físico demuestran el amor que le tienen al Santo Patrono.

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Descansos

Las fiestas en honor al Señor San José en Zapotlán se remontan al año de 1749, año del temblor en que se le hizo el primer juramento de festejarlo anualmente a cambio de su protección contra los movimientos telúricos de la zona. La tradición de las danzas se ha heredado de una generación a otra durante ya más de dos siglos. La ejecución de los danzantes es pesada puesto que tienen que “zapatear” fuertemente contra el piso durante largos trayectos y durante varias horas. El cansancio, pues, es natural y también natural era encontrarme con estas imágenes de danzantes agotados buscando rehacer sus fuerzas para continuar sus beáticos bailables.

A la par de esto también los demonios que abren paso a los danzantes se agotan y buscan descansar por unos momentos. Sus caras descubiertas ya evidenciaban cansancios de varias horas.

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