En el camión

Pasajero.-
Listo, ya he guardado el itacate para comer en la tarde. ¡Qué bueno que he obtenido este trabajo! Ahora sí podré casarme con Lupita. Tres años de noviazgo y ahora ya estoy decidido. Esta misma noche le daré la noticia y le contaré mis planes. Sé que ella misma estará tan contenta como yo. Allá viene el camión. (Saca unas monedas de su pantalón y las cuenta rápido). Justo las que necesito. Definitivamente este será mi día de suerte. Camión, detente. No, un poco más adelante. No tanto. ¡Vaya, tendré que caminar un poco! Arriba.

⎻Hola, Pedro, ¿cómo estás?

Chofer.-
¡Qué bien! Hoy el día amaneció nublado. Me encantan los días así. Creo que ni me cansaré en este día. He comenzado bien mi turno. Me dieron suficiente cambio para dar vuelto a los pasajeros. He andado tanto este a me lo sé de memoria. Seguro que tras esa curva habrá pasajeros esperándome. (Pasa la curva) ¿Quihubo? Ahí está Miguel. Hoy se ve contento. Me dentendré un poco delante de él para no caer en ese pozo.

⎻Bien, Miguel. ¿Qué me cuentas?
⎻Nada, Pedro. Todo bien. Hoy comienza un buen día. ¿No te parece? Me gustan los días nublados. Como que se respira mejor.
⎻Cierto, a mí también me gustan. El calor como que no me deja respirar bien. ¿Vas a Comala?
⎻Sí. Tengo una nueva chamba. ¿Cómo ves? Espero, ahora sí, que me vaya bien. ¿A qué hora saliste de Zapotitlán?
⎻A eso de las nueve. Hoy traigo más pasajeros que ayer. Como es viernes.
⎻Sí, ya lo noté. Bueno, voy a sentarme. Nos vemos.
⎻Órale.

Ramón.-
Pinche camión. Se está tardando. ¿Qué pasará? ¡Vieja! (se dirige a su mujer), ¿trajiste lo que te dije? (La mujer asienta con la cabeza). Espero llegar a tiempo. ¡Ah, vaya! Ya viene, pinche chofer, ojalá se vaya rápido. ¡Vieja, párate! Ya viene el camión. (De nuevo se dirige a su esposa)

(El camión se detiene justo donde se encuentran de pie los nuevos pasajeros)

⎻Hola, Ramón. ¿Cómo estás? (Saluda el chofer).
⎻Ay, Pedro, te estabas tardando, ¿eh? (Pedro nota nervioso y un tanto enojado a Ramón y por toda respuesta ofrece su mano para cobrar el pasaje)

Ramón.-
Lo bueno es que hay suficientes asientos, aunque lo cierto es que viene mucha gente. Ahí hay dos. ¡Vente, vieja! (Ordena a su esposa). Ah, qué bueno que alcanzamos lugar. Recuerdo que mi mamá siempre se quejaba cuando no hallábamos asientos para nuestro viaje. ¡Pobre de mi madre! Dios la tenga en Su Santa Gloria. ¡Qué momentos vivimos después de la muerte de mi padre! No puedo olvidar su asesinato. ¡Máldito sea quién lo mató! Esos ojos, esa mirada, esas manos llenas de su sangre… Jamás lo olvidaré. Recuerdo haberlo visto correr luego de haberlo apuñalado a la mala. Volteó a mirarnos a mí y a mi madre. Yo apenas comenzaba mi adolescencia y me quitó lo que más necesitaba para crecer. Vi a mi padre con los ojos cerrados por el dolor. Ya ni se pudo enterar de todo el cariño que yo le tenía y que le quería hacer ver con mi mirada. Luego de quedarnos solos y de que mi madre pudiera hablar, me dijo entre sollozos y gritos que le jurara que buscaría al maldito asesino y lo mataría. Claro que se lo iba a cumplir, pero ya todos a quienes les pregunté me dijeron que se fue de estas tierras. Ojalá lo volviera a ver para darle su merecido. ¡Otra vez se detuvo este cabrón más de la cuenta! ¡Apúrate, Pedro! (Con el grito todos voltean a mirarlo). ¿Qué me ven, cabrones? (Piensa para sí, y mira los ojos de los pasajeros rápidamente sin detenerse en ninguno y se sienta rápidamente) ¡Hijo de la chingada! ¡Ahí está ese cabrón! Seguro que es él. Tres asientos delante de mí. ¡Ora verá el desgraciado! Vieja (se dirige a su esposa en voz baja), ¡pásame el costalillo!

Chofer.-
Por Diosito Santo, ¡qué rico está el día! El camino está inmejorable. Llegaremos a tiempo a Comala. Este es el tramo que más me gusta, esos árboles altos haciendo sombra en la carretera. Siento como si, luego de ese túnel natural, fuéramos a salir a otro mundo. (¡Pum! Suena la explosión de una llanta) ¡Me lleva! Ahora sí nos vamos a tardar, ¡una llanta ponchada! Voy a pararme aquí, en esta salidita. (¡Pum, pum! Vuelve a sonar algo) Ah, cabrón, eso ya no es una llanta. (Mira por el retrovisor y ve a Ramón casi corriendo hacia él con una pistola en la mano)

Ramón.-
¡Mira, hijo de la chingada! Te vas derechito siguiendo el camino. No vayas a subir a nadie y no más que te pares en el retén que sigue. ¿Entiendes lo que digo, pendejo?

⎻Sí, claro.

El chofer.-
Uy, es cierto. Hay un retén en el que la policía me detiene de manera regular. Ya van varias veces que me han detenido y han hallado droga en las maletas de los pasajeros. Si me detienen, suben y ven al muerto, de seguro me va a disparar este cabrón. Espero que no me paren.

(Afortunadamente los policías del retén no detienen el camión y permiten que pase)

Ramón.-
Muy bien, mi cabrón, muy bien. Qué bueno que los saludaste como si nada. Así no levantaremos sospecha alguna. Ahora párate más adelante, antes de llegar a Comala. (El camión se detiene, Ramón se dirige a los pasajeros) Miren, cabrones, espero que ninguno de ustedes diga nada, porque bien saben que cualquiera puede saber quién lo traiciona a uno. Si alguno de ustedes dice quién fue lo voy a matar a su casa y también a su familia. Así que ¡cayaditos! ¿Eh? (Todos asintieron con la cabeza sin decir palabra alguna). Vente, vieja. Hay que bajarnos aquí. Y te tendré a ti principalmente en la mira, ¿entendiste, Pedro?

El chofer.-
Sí, seguro. No diré nada. Adiós. (El chofer arranca el camión dejando atrás a Ramón, metros más adelante lo detiene para revisar cómo están las cosas). ¡Chingada madre! Es Miguel, el pobre. Con todo el ánimo que le vi al subir al camión. ¡Chingado! ¿Ahora qué haremos? (Se dirige a los pasajeros) Evidentemente no puedo deshacerme del cadáver así no más. Tendré que notificar a la policía y nos van a interrogar a todos. Conocíamos a Ramón, ¿qué diremos? Hay que ponernos de acuerdo para decir una misma cosa todos. Así que ¿qué diremos? ¿Decimos quién fue o decimos que fue un desconocido que veíamos por primera vez? (Todos cuchichean y al final concluyen)

⎻Digamos que fue un desconocido. Fue la voz unánime.

Pedro.-
(Arranca de nuevo el autobús) Pues entonces digamos que no lo conocíamos. Chin, ¡pobre Miguel!

Ramón, tiempo, mucho tiempo después.-
¿Estará contenta mi mamá? Maté al cabrón, ese. ¡Qué bueno que vengué la muerte de mi padre! Ahora todos vivimos tranquilos. Le di su merecido. Lo malo es que no puedo quitarme todavía la sangre que me manchó al disparo. Miren, ¡todavía la tengo en la cara! Y es que no puedo quitármela. (Se talla con las manos el rostro una y otra vez) ¡Quítate, maldita! ¿Por qué maté a esa persona, por qué? “Debiste hacerlo, yo te lo mandé”. (Escucha una voz que nadie emite) Pero mamá, yo no quería. Era un hombre que tenía su propia historia, sus propias metas, mamá. Nadie debe morir por manos de otro, nadie. Y menos ese pobre hombre. Pobre, sí, ¡pobre! Su muerte fue menos dañina que mi vida que sigue, mi vida en que ya no puedo vivirla desde que estoy como muerto en este manicomio en que me encerraron luego de contarme que ese hombre no era el verdadero asesino de mi padre. Que yo lo había confundido, mamá, !qué yo lo había confundido!

Invitación

Hola, amigos. He visto que mi blog no ha dejado de ser leído durante ya varios meses. Les agradezco a todos ustedes que me lean y revivan conmigo las viviencias en un Zapotlán que se está yendo.

Quiero invitarles también a que lean mi nuevo blog de poesía, ahí estoy subiendo los poemas más recientes que he escrito en estos últimos meses. Gracias por su lectura.

El blog se llama: Pura palabrería.

La laguna

La laguna de Zapotlán es un lugar de constantes visitas cada vez que regreso a mi pueblo natal. En cada ocasión encontramos algo nuevo y sorprendente en ese lugar maravilloso. En reciente viaje la visité con mi hijo mayor y nos topamos con un atractivo cielo nublado, poco después de nuestra visita llovería en los alrededores del volcán y ¡sopresa! nuestro nevado estaba cubierto con un manto blanco. Hicimos una segunda visita a la laguna al siguiente día ya con el cielo despejado y aquí tienen las imágenes.

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El Calaque

El pasado fin de semana llevé a mi familia a El Calaque, un pequeño lago bordeado de un hermoso bosque enclavado en el municipio de Zapotiltic, Jalisco. El mal momento para disfrutar del agua fue que estábamos en tiempos de secas, cosa que los motociclistas aprovecharon para hacer sus mejores piruetas en la planicie seca del lago. Algunos ciclistas también se hicieron presentes y, al parecer, es éste uno de los destinos favoritos para ir a pasear en sus “vírulas”. También supimos que hay mucha gente que va a acampar, ya imagino el cielo nocturno que deben tener a la vista.

Nuestra visita fue agradable a pesar del polvo que tuvimos que cruzar caminando para llegar al centro del laguito. Ya de regreso tuvimos unas magnificas vistas de Zapotlán, el Grande. Erramos el camino de regreso y apreciamos el volcán y la ciudad juntas. También alcanzamos a tener la suerte de ver una banda ensayando sus mejores canciones en el “lote” de alguno de ellos.

Espero disfruten de estas imágenes. ¡Ah! y que se animen a visitar El Calaque.

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Tiendas de Mazamitla

La zona de Mazamitla (San José de Gracia, La Manzanilla, Pueblo Nuevo y Mazamitla mismo) han negado el paso del tiempo en algunas de sus partes y conservan aires pueblerinos y bocólicos que los hace únicos. Todo esto a pesar de tener contacto frecuente con la gran capital del estado de Jalisco, Guadalajara. Muchos son los turistas y muchos los negociantes que fincan ahí sus tiendas o cafés y restaurantes. Ejemplo de esta negación del paso del tiempo son las tiendas o tendajones que los propietarios conservan con sus muebles originales. Muchos de ellos ya centenarios. Estas tiendas se han vuelto verdaderos museos para quienes las conocimos en su forma habitual ya hace muchos años. A mí me recordó la famosa tienda de El Testerazo que en Zapotlán mi abuelo tenía allá, rumbo al Valle plagado de milpas. Cuando visité la primer tienda conversé de manera muy amena con su actual propietario, un joven que había nacido en los años 70. Tal era mi recuerdo de la tienda de mi abuelo (los altos apartamentos con la mercancía a la vista, el despachador de madera, ¡hasta la puertita angosta que comunicaba a la tienda con el interior de la casa habitación!) que señalé al joven que en la tienda le hacía falta el depósito de maíz. Cuál fue mi sorpresa que al voltear a una esquina ¡ahí estaba, igualito! Le dije que antes vendían los granos de maíz en litros no en kilos.

Prometí volver al otro día para tomar algunas fotos de tan bello lugar. Y así lo hice, pero comencé con otra tienda, la de doña Chela Gutiérrez Elizondo. Esta tienda es ya propiedad de su hijo, Guillermo Martínez, quien ahí se encontraba y con quien charlamos muy amablemente. La tienda no lo es tanto de abarrotes como de bebidas tradicionales: rompope, ponches y chongos zamoranos. La tienda existe desde 1817, según nos comentó don Guillermo. Todo en ella es original, nos referimos a las maderas que formas los estantes y el despachador.

Luego me fui a la tienda de la familia Chávez Ochoa, atendida por el encargado don Jesús Chávez, hombre entrado en años (lleva 72 sólo de encargado), alto, flaco y recio. Le comenté mis propósitos y me contestó como a quien no le queda otra: “toma las fotos pues, pero no me saques a mí”. Como llegaron clientes, tuvo que atenderlos y logré que apareciera en una de mis tomas. Casi no charlé con él, pero me señaló que todo lo que veía ahí de la tienda era original.

Ya al final fui a la tienda donde había charlado extensamente el día anterior. Cuando llegué sólo una mujer estaba atendiendo, pero estaba discutiendo al teléfono. Así que no pude volver a preguntar los datos de siempre y ahora los he olvidado, desgraciadamente. La tienda no tienen nombre, por lo menos no lo exhibe en la fachada. Sólo anoté que se encuentra en la calle de J. Santana García. Ni qué decir que todo lo que ahí se ve es original, aunque, eso sí, en esta tienda no estaba todo este inmobiliario desde siempre. Años atrás fue traido desde otro lado para ocupar el lugar que ahora tiene.

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La feria de los símbolos

Las fiestas religiosas de Zapotlán, el Grande se realizan en honor al Señor San José y son el corazón de su feria anual. Indudablemente lo medular de esta feria es el recorrido que los días 23 de octubre que de cada año la gente hace con la imagen de su santo en las calles de la ciudad. Feligreses cargan el “anda” (pesada tarima hecha de madera) que es adornada casi siempre de modo silvestre con plantas y flores (ya naturales, ya de papel u otros materiales). En esta anda se cargan las figuras del Santo Patrono y de la Virgen María, claro, también el Niño Jesús. La Sagrada Familia, pues. Las imágenes se sacan de su “casa”, la catedral de Zapotlán, para llevarlas a la casa del mayordomo en turno. Esta persona es elegida el día 24 de octubre para organizar las fetividades del siguiente año.

Cuando se realiza el recorrido esta anda (el anda mayor, le dicen) es la última de una serie de varios carros alegóricos (durante años fueron 9, para hacer el famoso novenario, recientemente son más) que le preceden. Entre carro y carro cuadrillas (grupos) de danzantes muestran la fe hacia su Santo Señor mediante organizadas formas de baile y vistosos atuendos que cada uno de los bailarines porta con orgullo.

Los carros alegóricos son representaciones bíblicas que abarcan tanto el antiguo testamento como el nuevo. Una forma degenerada de teatro donde los actores permanecen inmóviles y el escenario es el que se mueve. Vieja forma de evangelizar mediante imágenes que ya los viejos monjes usaron a lo largo de todas las geografías. Esta forma siguie teniendo sus fines evangelizadores, pero a la vez perpetuan figuras de dominación. La mayoría de los “actores” son hijos de las familias ricas de Zapotlán y se sienten “bendecidos” por representar esta o aquella figura bíblica. Su esfuerzo es mínimo, sólo soportar el ardiente sol que casi siempre en esos días cae sobre el cielo de la ciudad. ¡Vaya sacrificio! Mientras que la gente de pueblo debe hacer verdaderos esfuerzos físicos y mostrar devoción mediante la danza agotadora.

Símbolo de la opresión: las fiestas del Señor San José perpetúan, año tras año, las formas de dominio de pueblos que más bien parecieran medievales: el pueblo en alto porcentaje trabajando duramente para que los grandes señores y sus hijos gocen de un paseo por las calles de su reíno.

Danzantes

Dentro de las múltiples formas de festejar al Señor San José que Zapotlán tiene están los danzantes y sonajeros que durante el novenario (que termina el 23 de octubre) realizan verdaderas pruebas de resistencia física con lo que muestran la grande fe que le tienen al santo patrono que les cuida de los temblores y otros males naturales.

Durante los ocho días previos a la fecha señalada las cuadrillas de danzantes van a realizar sus pasos en las afueras de la Catedral, casa del Santo Señor. Las cuadrillas son los grupos de danzantes que se reúnen bajo un nombre y una forma de bailar específica. Existen cuadrillas jóvenes y viejas, algunas de ellas tienen ya más de 100 años de fundación y de existencia continua. Las cuadrillas son formadas, en lo general, por los propios danzantes ya mencionados. Uno de los danzantes porta un estandarte con una imagen del Señor San José o de otro santo que los reúne bajo su nombre. En este estandarte se porta, también, el nombre de la cuadrilla. Luego hay una o más chrimimías que marcan la melodía y el ritmo del baile. También se encuentran los diablos y demonios que se posicionan a la vanguardia de la cuadrilla con la finalidad de abrir paso mediante sonoros latigazos (chicotazos, le llaman por acá) a sus compañeros danzarines. Al final viene una especie de “aguador” encargado de refrescar a los bailarines. El agua (o bien el alcoholizado ponche de granada) es cargado en un “triciclo”, una de esas grandes bicicletas usadas para carga. Este vehículo está adornado casi siempre con espigadas cañas de maíz (el cereal “oficial” de estas tierras; si primer nombre, el nombre indígena del pueblo aludía a la diosa del maíz). Además de estos adornos es común ver imágenes del Señor San José adornadas dentro de este “carrito”.

El día 23 las imágenes de los santos (San José y la Virgen, con su niño, claro) son cargadas en pesada “anda”, una enorme tarima que es cargada en hombros por fieles hombres que normalmente deben una “manda” a este santo. El recorrido de esta carga abarca la salida de las imágenes de la Catedral, paso por las principales calles del pueblo y la llegada a la casa del mayordomo en turno; es agotador. Previo al paso de la “anda mayor” hay 9 ó 12 carros alegóricos que muestran paisajes bíblicos con “actores” del mismo pueblo. Entre carro y carro las cuadrillas de danzantes despliegan su número y su acto de fe. El recorrido total es enorme, abarcando varias horas y miles de gentes.

Indudablemente los “reyes” de esta celebración son los danzantes que mediante su esfuerzo físico demuestran el amor que le tienen al Santo Patrono.

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