La zona de Mazamitla (San José de Gracia, La Manzanilla, Pueblo Nuevo y Mazamitla mismo) han negado el paso del tiempo en algunas de sus partes y conservan aires pueblerinos y bocólicos que los hace únicos. Todo esto a pesar de tener contacto frecuente con la gran capital del estado de Jalisco, Guadalajara. Muchos son los turistas y muchos los negociantes que fincan ahí sus tiendas o cafés y restaurantes. Ejemplo de esta negación del paso del tiempo son las tiendas o tendajones que los propietarios conservan con sus muebles originales. Muchos de ellos ya centenarios. Estas tiendas se han vuelto verdaderos museos para quienes las conocimos en su forma habitual ya hace muchos años. A mí me recordó la famosa tienda de El Testerazo que en Zapotlán mi abuelo tenía allá, rumbo al Valle plagado de milpas. Cuando visité la primer tienda conversé de manera muy amena con su actual propietario, un joven que había nacido en los años 70. Tal era mi recuerdo de la tienda de mi abuelo (los altos apartamentos con la mercancía a la vista, el despachador de madera, ¡hasta la puertita angosta que comunicaba a la tienda con el interior de la casa habitación!) que señalé al joven que en la tienda le hacía falta el depósito de maíz. Cuál fue mi sorpresa que al voltear a una esquina ¡ahí estaba, igualito! Le dije que antes vendían los granos de maíz en litros no en kilos.
Prometí volver al otro día para tomar algunas fotos de tan bello lugar. Y así lo hice, pero comencé con otra tienda, la de doña Chela Gutiérrez Elizondo. Esta tienda es ya propiedad de su hijo, Guillermo Martínez, quien ahí se encontraba y con quien charlamos muy amablemente. La tienda no lo es tanto de abarrotes como de bebidas tradicionales: rompope, ponches y chongos zamoranos. La tienda existe desde 1817, según nos comentó don Guillermo. Todo en ella es original, nos referimos a las maderas que formas los estantes y el despachador.

Luego me fui a la tienda de la familia Chávez Ochoa, atendida por el encargado don Jesús Chávez, hombre entrado en años (lleva 72 sólo de encargado), alto, flaco y recio. Le comenté mis propósitos y me contestó como a quien no le queda otra: “toma las fotos pues, pero no me saques a mí”. Como llegaron clientes, tuvo que atenderlos y logré que apareciera en una de mis tomas. Casi no charlé con él, pero me señaló que todo lo que veía ahí de la tienda era original.

Ya al final fui a la tienda donde había charlado extensamente el día anterior. Cuando llegué sólo una mujer estaba atendiendo, pero estaba discutiendo al teléfono. Así que no pude volver a preguntar los datos de siempre y ahora los he olvidado, desgraciadamente. La tienda no tienen nombre, por lo menos no lo exhibe en la fachada. Sólo anoté que se encuentra en la calle de J. Santana García. Ni qué decir que todo lo que ahí se ve es original, aunque, eso sí, en esta tienda no estaba todo este inmobiliario desde siempre. Años atrás fue traido desde otro lado para ocupar el lugar que ahora tiene.
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